Ya hace seis meses que te fuiste, de la noche a la
mañana nos dejaste, sin un adiós, sin un hasta luego... Tan discreto como siempre.
No era necesaria una despedida, no había nada
que decir porque siempre nos lo decíamos todo.
El tiempo va pasando y nosotros seguimos aquí
luchando, igual que lo hiciste tú cuando marcharon los tuyos, como nos habías
enseñado, "...a pesar de las adversidades... siempre hacia adelante".
Creo que ya me encuentro con fuerzas suficientes para
meterme de nuevo en mi cocina tal y como siempre me decías…”Juanillo tú a tus
fogones”.
¡¡Gracias Padre!!
